
La muerte de Francisco Ayala supone la muerte de un escritor confinado a un mundo literario autónomo, genuino, lleno de personajes hostiles y de tramas trabadas en la historia de nuestro país. Muertes de perro, El Fondo del Vaso o Los Usurpadores muestran personajes ambiguos, movidos por el instinto y por una constante lucha contra el poder inquisidor, contra los prejuicios atávicos y, en ocasiones, contra ellos mismos. La frase cervantina, el barroquismo de sus estructuras y la diversidad textual en sus relatos confirman que esta desaparición es irremplazable.